Equipamiento para piscinas
Una piscina se estropea por donde no se ve. El vaso aguanta décadas, pero la bomba, el filtro, el skimmer y el foco tienen su ciclo de vida y hay que ir reponiéndolos. Aquí está todo eso: bombas y filtros, limpiafondos, cloradores salinos, skimmers y boquillas, focos LED y duchas y escaleras.
¿Qué caudal necesita la depuradora de tu piscina?
La regla que usamos es sencilla: la depuradora tiene que ser capaz de pasar todo el agua del vaso por el filtro en unas cinco horas. Calcula el volumen multiplicando largo por ancho por profundidad media, y divide entre cinco. Una piscina de 8 por 4 metros con metro y medio de media son 48 metros cúbicos, así que necesitas unos 10 metros cúbicos por hora.
Con ese número ya puedes elegir. Para 10 m³/h vale una bomba de 0,75 o 1 CV. Y el filtro tiene que ir a juego: uno de 500 milímetros de diámetro trabaja bien hasta esos 10 m³/h, mientras que el de 600 aguanta cerca de 14. Poner una bomba grande con un filtro pequeño es el error más habitual que vemos, y lo que consigues es que el agua atraviese la arena demasiado deprisa y salga sin filtrar del todo.
Si vas a sustituir solo la bomba, apunta antes el caudal de la que tienes y el diámetro del filtro. Cambiar a una más potente «por si acaso» suele acabar en agua turbia y en más gasto de luz.
Manual, hidráulico o robot: cuál te conviene
El limpiafondos manual es un cabezal con ruedas que enchufas a la manguera y arrastras tú desde el borde con un mango telescópico. Cuesta poco, no se avería y va bien si la piscina es pequeña o si solo la usas en verano. El inconveniente es obvio: lo tienes que hacer tú, y son veinte minutos cada vez.
El robot eléctrico va por libre. Lleva su propio motor y su propio filtro, así que no depende de la depuradora ni le mete suciedad, y sube por las paredes y la línea de flotación, que es donde más se acumula la grasa. Es la opción cara, pero si tienes árboles cerca o la piscina en uso todo el verano, se amortiza en tranquilidad.
Una cosa que se olvida al comprar la manguera: mide desde el skimmer hasta la esquina más lejana del vaso y súmale dos o tres metros. Si te quedas corto, el limpiafondos no llega al fondo de esa esquina y no hay manera de arreglarlo salvo comprar otra.
¿Compensa pasar a clorador salino?
Depende de cuánto uses la piscina. El clorador salino fabrica el cloro por electrólisis a partir de sal disuelta en el agua, así que dejas de comprar pastillas cada temporada. El agua queda más suave, no huele y no irrita los ojos igual. A cambio, el equipo cuesta lo que cuesta y la célula se gasta: cuenta con tres a siete años según el uso y la calidad del agua.
Lo importante es no quedarse corto al elegirlo. Los cloradores vienen dimensionados por metros cúbicos y conviene coger uno por encima del volumen real, porque si va justo tendrás que tenerlo funcionando muchas horas al día para mantener el nivel de cloro y la célula se te agota antes.
El efecto secundario que nadie cuenta es que la electrólisis sube el pH. Por eso casi todas las instalaciones acaban llevando una bomba dosificadora que lo corrige sola y lo mantiene entre 7,2 y 7,6. Sin eso, el cloro que produce el equipo pierde eficacia y acabas con agua tratada que no desinfecta bien.
Skimmers, boquillas y sumideros
Es la parte aburrida y la que decide si el agua circula bien. La regla de dimensionado es un skimmer por cada 25 metros cuadrados de superficie de agua, y colocarlos en el lado por donde suele venir el viento, que es donde se acumulan las hojas.
Cuando toca sustituir uno, lo que hay que mirar es el tipo de boca y la capacidad del cestillo, no la marca. Los estándar de 15 litros cubren la mayoría de piscinas de hormigón. En las boquillas pasa igual: las de impulsión suelen ser de 50 milímetros para encolar y las de aspiración de 63 a 50, y si te equivocas de diámetro no hay adaptador que valga.
Cambiar el foco sin vaciar la piscina
Casi todas las piscinas españolas de obra llevan nicho para lámpara PAR56, que es un formato estándar de 300 milímetros a 12 voltios. La ventaja es que se sustituye desde fuera: se saca el foco tirando del cable, se cambia la lámpara y se vuelve a meter, sin bajar el nivel del agua.
Si todavía tienes halógena, el cambio a LED se nota en la factura. Una PAR56 halógena tira 300 vatios y una LED equivalente ronda los 12 o 15, con más luz. Y ya que lo cambias, decide si la quieres en blanco o RGB, porque el mando y la instalación no son iguales.
Duchas y escaleras
Aquí solo hay una cosa que mirar, y es el acero. Cualquier ducha o escalera de piscina pasa el año entero a la intemperie recibiendo cloro, y el inoxidable de baja calidad empieza a picarse en dos temporadas. Merece la pena pagar la diferencia una vez y olvidarse.
Si la piscina la usan niños o gente mayor, mira la altura del bordillo antes de comprar la escalera: la de tres peldaños se queda corta en vasos con mucho desnivel y acaba siendo incómoda de usar.
Entre tres y cinco años en una piscina de uso familiar. La señal de que toca es que la presión de trabajo del manómetro sube medio bar por encima de lo normal y ya no baja después de un contralavado. La arena se redondea con el tiempo y deja de retener las partículas finas.
En verano, lo suficiente para pasar el volumen del vaso dos veces, que en la mayoría de instalaciones son entre ocho y diez horas. Es mejor repartirlas en dos o tres tandas que dejarlas seguidas, y que una coincida con las horas de más calor, que es cuando el cloro se consume más rápido.
Sí, y de hecho es el caso en el que más compensa. El robot eléctrico se enchufa a la corriente y filtra por su cuenta, así que no le pide nada a la depuradora. Los limpiafondos hidráulicos, en cambio, funcionan con la aspiración de la bomba y con una instalación justa de caudal se quedan parados.
Alrededor de cuatro o cinco gramos por litro, aunque cada fabricante da su cifra y conviene respetarla. Para hacerte una idea, es una décima parte de lo que tiene el agua del mar: no notarás sabor salado al bañarte. La sal no se evapora, así que solo hay que reponer la que se pierde por vaciados parciales o salpicaduras.
El estándar en piscinas particulares es de 38 milímetros, que equivale a la pulgada y media de toda la vida. Lo que sí cambia entre instalaciones es la longitud: mide desde el skimmer o la toma hasta la esquina más lejana del vaso y añade un par de metros de margen.
No. Trabajamos el equipo y el recambio, no el consumible: bombas, filtros, cloradores, limpiafondos y material de vaso. Si estás cansado de cargar con garrafas cada temporada, el clorador salino es justo la alternativa, porque genera el cloro con la sal que ya está disuelta en el agua.