Cloradores salinos y control de pH


Equipos de cloración salina y bombas dosificadoras para mantener el pH. La idea es dejar de comprar cloro: el agua lleva sal disuelta y el equipo la convierte en cloro cada vez que la depuradora funciona.

Cómo se elige el tamaño

Los cloradores se dimensionan por metros cúbicos y por gramos de cloro que producen a la hora. Un equipo de 21 gramos cubre unos 80 metros cúbicos y uno de 40 llega a 160.

Coge siempre uno por encima de tu volumen real. Si vas justo, el equipo tiene que trabajar muchas más horas para mantener el nivel de cloro, y la célula, que es la pieza que se gasta, se te agota en la mitad de tiempo. La diferencia de precio entre un modelo y el siguiente es bastante menor que la de una célula de recambio.

Dónde va instalado

La célula se monta en la tubería de retorno, después del filtro y antes de que el agua vuelva al vaso. Nunca antes del filtro. El cuadro de control va en la pared del cuarto técnico, y se conecta de modo que solo produzca cloro cuando la bomba está en marcha: si genera con el agua parada, el cloro se concentra dentro del tubo y ataca la propia instalación.

El pH sube, y hay que bajarlo

Es el efecto secundario que nadie menciona al vender el equipo. La electrólisis desplaza el pH hacia arriba, y con el pH por encima de 7,6 el cloro pierde buena parte de su capacidad de desinfectar. Te queda agua tratada que no está desinfectando.

Por eso casi todas las instalaciones con sal acaban llevando una bomba dosificadora que mide y corrige sola, y mantiene el agua entre 7,2 y 7,6. Es el complemento que convierte el clorador en algo que de verdad funciona sin que estés encima.

No vendemos cloro ni ningún otro producto químico. Vendemos el equipo que lo fabrica y el que controla el pH.

Entre cuatro y cinco gramos por litro, según lo que pida cada fabricante. Es la décima parte de lo que tiene el agua del mar, así que no se nota al bañarse. La sal no se evapora: solo hay que reponer la que se pierde con los vaciados parciales y las salpicaduras.

De tres a siete años, y la diferencia la marcan las horas de trabajo y la dureza del agua. Con aguas calcáreas se forman incrustaciones en las placas que hay que limpiar; muchos equipos lo hacen solos invirtiendo la polaridad cada cierto tiempo.

A la concentración de una piscina, el PVC, el liner y el hormigón no sufren. Donde sí conviene estar atento es en las piezas de acero inoxidable expuestas, como escaleras y duchas, que agradecen un enjuague con agua dulce de vez en cuando para que no aparezcan puntos de óxido.

Con el agua por debajo de unos 15 grados, la producción se reduce mucho y tampoco hace falta: la demanda de cloro cae en picado. Lo normal es bajar el porcentaje de producción al mínimo o parar el equipo, y si vas a desmontar la célula, guárdala limpia y seca.